por Pbro. Eleazar López Hernández
Centro nacional de ayuda a misiones indígenas. México
La diversidad humana e Iglesia latinoamericana
Hoy, el contexto en que se desenvuelve la humanidad, a la vez que presiona para una uniformización resultado de la globalización neoliberal, hace brotar en muchos el deseo de reafirmar las identidades particulares y el sueño por “otro mundo posible” donde no sólo se quite la pobreza y la exclusión, sino que la diversidad humana sea asumida como riqueza que fortalece la unidad.
La misión en la diversidad
Es hora de un cambio radical en nuestra manera de mirar las cosas, para ponernos en la “otra orilla” de los pobres y excluidos, de aquellos que no han sido tomados en cuenta para la implantación de la actual globalización.
La experiencia de Jesús ante la diversidad
La acción evangelizadora, en su sentido más auténticamente cristiano, no tiene que ver con la imposición de ningún proyecto político o religioso de tipo colonizador o proselitista; ni siquiera con la implantación de un modelo específico de vida eclesial.
Es hora de un cambio radical en nuestra manera de mirar las cosas, para ponernos en la “otra orilla” de los pobres y excluidos, de aquellos que no han sido tomados en cuenta para la implantación de la actual globalización.
La experiencia de Jesús ante la diversidad
La acción evangelizadora, en su sentido más auténticamente cristiano, no tiene que ver con la imposición de ningún proyecto político o religioso de tipo colonizador o proselitista; ni siquiera con la implantación de un modelo específico de vida eclesial.
No satanizar al otro
Los pueblos indígenas de América latina y del mundo, que somos pueblos de esperanza, hemos sido objeto de la misión de la Iglesia, con métodos y procedimientos que no han respetado nuestra identidad-alteridad cultural y religiosa; más aún nos han exigido renunciar a ella como conditio sine qua non para la conversión a Cristo y para el ingreso a la Institución eclesiástica.
Los pueblos indígenas de América latina y del mundo, que somos pueblos de esperanza, hemos sido objeto de la misión de la Iglesia, con métodos y procedimientos que no han respetado nuestra identidad-alteridad cultural y religiosa; más aún nos han exigido renunciar a ella como conditio sine qua non para la conversión a Cristo y para el ingreso a la Institución eclesiástica.
La inculturación y el diálogo interreligioso
La inculturación del Evangelio y el diálogo interreligioso deberán ser, en adelante, pilares fundamentales de esta nueva evangelización, mediante métodos adecuados con los que la Iglesia evangeliza dando y, al mismo tiempo, recibe dejándose evangelizar por los pobres y diferentes.
La Diversidad en la Globalización
La diversidad humana es tan amplia como la diversidad de la misma vida; es de género, de color de piel, de culturas, de religiones, etc.
Luchas por la diversidad humana
La misión no es hacernos idénticos unos a unos, sino hermanos, que se aman en la diversidad.
La inculturación del Evangelio y el diálogo interreligioso deberán ser, en adelante, pilares fundamentales de esta nueva evangelización, mediante métodos adecuados con los que la Iglesia evangeliza dando y, al mismo tiempo, recibe dejándose evangelizar por los pobres y diferentes.
La Diversidad en la Globalización
La diversidad humana es tan amplia como la diversidad de la misma vida; es de género, de color de piel, de culturas, de religiones, etc.
Luchas por la diversidad humana
La misión no es hacernos idénticos unos a unos, sino hermanos, que se aman en la diversidad.
La diversidad en la Iglesia
La esperanza escatológica de los “cielos nuevos y de la tierra nueva” que cobija una humanidad nueva reconciliada con Dios y entre sí, no necesariamente coincide con la práctica cotidiana de las iglesias en particular, pues como expresó Juan Diego, al ser enviado por la Virgen a casa del obispo: "Me mandas a un lugar donde no ando y no paro”.
Dificultades para asumir la diversidad
La Iglesia ha tenido desde el principio varias maneras de resolver la diversidad; eso ya se ve en los Hechos de los Apóstoles cuando entraron los llamados gentiles o paganos a las primeras comunidades cristianas.
La esperanza escatológica de los “cielos nuevos y de la tierra nueva” que cobija una humanidad nueva reconciliada con Dios y entre sí, no necesariamente coincide con la práctica cotidiana de las iglesias en particular, pues como expresó Juan Diego, al ser enviado por la Virgen a casa del obispo: "Me mandas a un lugar donde no ando y no paro”.
Dificultades para asumir la diversidad
La Iglesia ha tenido desde el principio varias maneras de resolver la diversidad; eso ya se ve en los Hechos de los Apóstoles cuando entraron los llamados gentiles o paganos a las primeras comunidades cristianas.
La experiencia indígena
El pueblo indígena y mestizo, mediante la Religiosidad Popular, llevó adelante procesos que incluyeron la diversidad, pero en ámbitos que la institución eclesiástica no reconoció ni asumió como válidas dentro de la Iglesia.
El kairós de Aparecida
El desafío de incluir la diversidad humana se presentó en Aparecida y tuvo una resonancia grande en el documento final. Los indígenas jugamos en eso un papel importante, abriendo con nuestros aportes espacios a la esperanza.
El pueblo indígena y mestizo, mediante la Religiosidad Popular, llevó adelante procesos que incluyeron la diversidad, pero en ámbitos que la institución eclesiástica no reconoció ni asumió como válidas dentro de la Iglesia.
El kairós de Aparecida
El desafío de incluir la diversidad humana se presentó en Aparecida y tuvo una resonancia grande en el documento final. Los indígenas jugamos en eso un papel importante, abriendo con nuestros aportes espacios a la esperanza.
Conclusión
Como Iglesia latinoamericana y del Caribe podemos ahora reencontrarnos con nuestra realidad social y humana desde nuevas actitudes misioneras que enfrenten las estructuras de pecado y que asuman la riqueza de nuestra diversidad humana, a fin de generar un nuevo pentecostés de gracia, de liberación y de vida en plenitud.
Como Iglesia latinoamericana y del Caribe podemos ahora reencontrarnos con nuestra realidad social y humana desde nuevas actitudes misioneras que enfrenten las estructuras de pecado y que asuman la riqueza de nuestra diversidad humana, a fin de generar un nuevo pentecostés de gracia, de liberación y de vida en plenitud.
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